Fue una excepcional fotógrafa cuyas inquietudes perduran mucho después
de su temprana muerte a los 23 años en forma de misteriosas imágenes. A
Woodman le interesaba principalmente el retrato, y centró
mayoritariamente su producción sobre su propio cuerpo, habitualmente
desnudo. Con un marcado carácter autobiográfico, sus fotografías la
muestran en escenarios melancólicos, habitaciones en las que la artista
retrata la soledad, el olvido y el paso del tiempo.
En el siguiente enlace numerosas fotos de su obra.
Está muy bien que hagas volar una cometa y que le des cuerda muy larga hasta perderla de vista, lejos, si eres capaz. Es como si tú también volases y, generalmente, antiguos recuerdos ayudan a hacerlo y se te rebelan anchos espacios de tiempo, resacas, pleamares de sentimientos, las minas de Falun, donde algún día bajamos enloquecidos, acaso tan sólo un instante y lo olvidamos.
La vida, ¿quién la vive? No un lecho banal, no bocas de dinero, sino rubíes en la quieta palma indefensa de una mano capaz de retenerlos y maravillarse; o bien la mañana rosada de un parto sosegado ya, o los ojos aún limpios de un niño, o un llanto secreto.
La vida, ¿quién la vive? ¿No ves la inmensa cantidad de sufrimiento transmitido de uno a otro como en duro trabajo hecho en cadena con implacable tenacidad, y que se ignora?
Está muy bien que hagas volar una cometa, pero de pronto -piénsalo pero arriésgate- se romperán las cañas, se rasgará la tela, crujiendo, y tú caerás sobre la arena, desde el talud, mirando las olas grises, altas, romper sobre la playa y se te humedecerán los huesos y la muerte no te será extraña.
Si para ti fui sombra
cuando cubrí tu cuerpo,
si cuando te besaba
mis ojos eran ciegos,
sigamos siendo noche,
como la noche inmensos,
con nuestro amor oscuro,
sin límites, eterno...
Porque a la luz del día
nuestro amor es pequeño.
Esta fotografía de 1978 pertenece al primer carrete que tiré con una cámara réflex, una canon AE1, con negativo Ilfordpan.
Siempre la he tenido cariño y me recuerda, salvando las distancias, a un paisaje de Brett Weston de unas rocas en la playa de garrapata, una fotografía que tengo en la memoria desde joven.
Esta foto que tuve la suerte de hacer hace ya una vida, siempre me atrajo, por su cielo dramatico que presagia lo indecible, como dijo una amiga.
Aquí queda como un retazo más de la vida que ya está escrita...
Muchos años después una amiga del alma, pintora excepcional, pero que, como a la mayoría de los pintores auténticos y con talento, no se le ha reconocido su obra como merece, plasmó en un maravilloso lienzo este paisaje que conservo como un secreto íntimo en mi corazón.
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Este blog nace con la intención de dejar en él aquello que por diversas circunstancias ha marcado mi vida en algún momento. Música, fotografía, cine, literatura.