Está muy bien que hagas volar una cometa y que le des cuerda muy larga hasta perderla de vista, lejos, si eres capaz. Es como si tú también volases y, generalmente, antiguos recuerdos ayudan a hacerlo y se te rebelan anchos espacios de tiempo, resacas, pleamares de sentimientos, las minas de Falun, donde algún día bajamos enloquecidos, acaso tan sólo un instante y lo olvidamos.
La vida, ¿quién la vive? No un lecho banal, no bocas de dinero, sino rubíes en la quieta palma indefensa de una mano capaz de retenerlos y maravillarse; o bien la mañana rosada de un parto sosegado ya, o los ojos aún limpios de un niño, o un llanto secreto.
La vida, ¿quién la vive? ¿No ves la inmensa cantidad de sufrimiento transmitido de uno a otro como en duro trabajo hecho en cadena con implacable tenacidad, y que se ignora?
Está muy bien que hagas volar una cometa, pero de pronto -piénsalo pero arriésgate- se romperán las cañas, se rasgará la tela, crujiendo, y tú caerás sobre la arena, desde el talud, mirando las olas grises, altas, romper sobre la playa y se te humedecerán los huesos y la muerte no te será extraña.
Este blog nace con la intención de dejar en él aquello que por diversas circunstancias ha marcado mi vida en algún momento. Música, fotografía, cine, literatura.